SEGÚN PATRICIA MAMANI OPINA LO SIGUIENTE:
Como bien señala el titulo la idea principal en este artículo es poder reflejar la importancia del Trabajo Social como profesión, en el abordaje interdisciplinario de casos de violencia sexual infantil, principalmente dentro del entorno familiar.
Es por ello que se partirá de la definición, entendiendo al Trabajo Social como: “una intervención científica que se enmarca en la ciencia social y que constituye mediaciones vinculares con las nuevas condiciones de producción material, social y simbólica por la que atraviesan los sujetos sociales en su vida cotidiana, que le exige una competencia teórico- metodológica y lo ético- político en relación a la cuestión social. El trabajo social es una unidad de intervención, articula la dimensión familiar, grupal y comunitaria en la que se desarrolla su accionar profesional” (Teresa Matus Sepúlveda)
El TRABAJO SOCIAL como profesión tiene un sustento teórico y metodológico para los diferentes niveles de abordajes que son: familiar, grupal y comunitario.
La violencia contra los menores de edad al interior de las familias o del ámbito escolar, se manifiesta principalmente a través del castigo físico como una forma de disciplina. En el abordaje de este problema nos referiremos al primer nivel, ya que la problemática es el Abuso Sexual Infantil que ocurre frecuentemente dentro del entorno familiar
El maltrato infantil es un atentado a los derechos más básicos de nuestra niñez y adolescencia, que han sido consagrados a partir de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Todos los menores de edad tienen derecho a la integridad física y psicológica; a la protección contra todas las formas de violencia. Pero por diferentes circunstancias que van desde cultura, economía, hasta factores sociales e individuales; los niños, niñas y adolescentes sufren violencia en espacios e instituciones cuyo precepto es justamente el de proteger sus derechos.
El hecho de que los menores de edad tengan altos niveles de dependencia emocional, económica y social de los adultos, los hacen vulnerables, especialmente al momento de hacer la denuncia para frenar las situaciones de violencia. Incluso se puede decir que es a causa de estos factores que el abandono, la explotación infantil y el abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes se mantengan por años silenciados y muchas veces naturalizados.
Se supone que la familia, es el lugar donde el niño, niña o adolescente encuentra el afecto y la protección necesaria para adquirir la salud mental, para vivir, para llegar a adulto; pero también puede ser generadora de graves conflictos.
Lo ideal sería que dentro de ella exista amor y cuidado, es por lo cual que se suele pensar que los abusos sexuales ocurren puertas afuera, ya que de una familia lo que se espera es amor, cuidado y protección, pero es justamente uno de los principales errores. Debemos desmitificar esto y tristemente acordar que la mayoría de los abusos sexuales contra niños suceden dentro del ámbito familiar.
Eloisa de Jong nos dice que el rol del TRABAJADOR SOCIAL va a ser el de “asistir para la prevención, promoción y organización familiar. En la búsqueda de la resolución a las necesidades del grupo familiar, por medio de una acción planificada en lo estratégico, organizada en la acción y coordinada en la intervención entre los diferentes sujetos, partiendo de un análisis comprensivo, de los conflictos de la vida familiar.”
Se puede relacionar esta definición con la intervención específicamente de los casos de abuso sexual contra la infancia y adolescencia que se viene realizando en el Proyecto de Prevención de la Violencia Sexual infantil en SEPAMOS, desde la gestión 2012 realizando talleres de prevención dirigidos a niños, niñas, adolescentes, padres, madres, profesores, profesoras; también a través del desarrollo de ferias educativas de difusión y sensibilización.
Pero principalmente y lo que más demoró fueron el engranaje de actividades y la unión de esfuerzos y tareas a nivel profesional con el área psicológica para ofrecer una atención integral a las víctimas de violencia sexual infantil; concibiendo primordialmente al niño, niña o adolescente como individuo y como ser social, considerando la importancia que tiene la resolución de conflictos emocionales en él y en su familia.
En base a esto, el primer deber asumido como trabajadora social en esta problemática fue el de actuar para proteger a los niños, niñas y adolescentes, previniendo el problema y usando estrategias para detectarlo, en el desarrollo de los talleres. Para esta finalidad ya se contaban con varios instrumentos denominadas hojas de trabajo.
Refiriéndonos a la atención de casos la institución contaba con la Ficha Psicológica, que en la medida de lo posible contaba con datos concernientes al área social; sin embargo se vio necesaria la elaboración de instrumentos específicamente del área social, como: Ficha social, Ficha de Seguimiento, Ficha de Visita Domiciliaria y Ficha de Referencia, que al pasar del tiempo su función e implementación fue analizada y aceptada para apoyar la atención integral de casos.
Es necesario remarcar que el área de trabajo social en muchas ocasiones se enfrenta ante situaciones difíciles, complicadas y que requieren de mucha cautela al momento de emitir los informes sociales, para lo cual el contar con estos instrumentos es de vital importancia.
Sin embargo, mediante el trabajo interdisciplinario se incrementa la posibilidad de tomar una decisión exitosa con el mínimo impacto negativo para el niño, tanto en el área social, como en el área psicológica.
Teniendo en cuenta la complejidad que acarrea esta problemática, el profesional necesitará tener conciencia de los puntos fuertes y de las limitaciones de cada abordaje.
A esta idea se agregará la posición de Carmen Frias cuando sostiene que: “se necesita y se tendría incluso que exigir que todos aquellos profesionales, no únicamente los de trabajo social, sino todos aquellos que trabajan con el abuso sexual infantil, estén capacitados. Es una temática con la cual no todo el mundo puede trabajar o no todo el mundo puede poner en juego su fortaleza psíquica…eso se tiene que tener en cuenta porque intervenciones desacertadas vulneran a los chicos y las chicas que están en esta situación. Las consecuencias del abuso sexual infantil, emocional y físicamente, son absolutamente daniñas…..Entonces -y esto forma parte de un abordaje crítico de la profesión que uno decide ejercer-, tiene que haber un profundo reconocimiento de hasta dónde uno puede enfrentarse con esta temática y si uno puede y piensa que puede darle para adelante. Lo que hay que hacer en forma inmediata es capacitarse”.
La intervención profesional en base altrabajo interdisciplinario en casos de violencia sexual infanto adolescente, incrementa la posibilidad de tomar una decisión exitosa con el mínimo impacto negativo para el niño, niña o adolescente.
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Considerando las palabras de la autora y como bien se ha experimentado en base a vivencias en apoyo al área psicológica del proyecto de prevención de SEPAMOS en relación al abordaje de los casos de abuso a la infancia y adolescencia, se entiende que el trabajador social y cualquier profesional de otra área similar, a la hora de intervenir debe tener un “encuadre mental” que conlleva: omitir prejuicios, tener interés en investigar, tener la posibilidad de escuchar y de esperar a que el otro hable y no avasallarlo con preguntas y con una indagatoria, sentir como necesario el trabajo interdisciplinario y tener en claro que el encuadre mental de un trabajador social debe ser la realización de diagnósticos sociales y no psicológicos para los cuales no está habilitado.
Dentro de las actividades que competen al área social en la atención integral de las víctimas de violencia sexual infanto-adolescente, considero que entre las principales están:
- Realizar la lectura detallada del caso para obtener información del aspecto legal. Es decir si se realizó la denuncia o algún juzgado se encuentra ya intercediendo. Además otros datos sobre la composición y dinámica de la familia, respecto al abuso y toda la información posible para comenzar a intervenir.
- En casos que demanden PRIORIDAD, realizar inmediatamente la visita domiciliaria a la vivienda donde se encuentre el niño, niña o adolescente.
- Investigar acerca del ambiente donde ocurrió el delito: red familiar (materna y paterna), institución educativa y toda la información posible respecto de la vida cotidiana de la presunta víctima, para precautelar su bienestar y proteger a otros menores de edad.
- Coordinar con el área psicológica de la institución a fin de corroborar o no la situación de abuso sexual.
- Coordinar acciones de resguardo a la víctima, que varían de acuerdo a la situación, que incluyen entre otras: alojamiento temporal a los niños, niñas o adolescentes en riesgo y a su madre o adulto responsable en casa de un familiar, de un conocido o en coordinación con albergues transitorios. Cabe aclarar que a la institucionalización se recurre como última instancia, ya que se prioriza el interés superior del niño y que este permanezca en un contexto familiar; subsidios económicos temporales, alimento y vestimenta.
- Gestionar la reinserción escolar, inclusión en algún programa de apoyo.
- Coordinar con instituciones de patrocinio legal.
- Asesoramiento y acompañamiento en las medidas siguientes, donde se ordena peritaje que deben ser realizados en una institución pública por médico forense.
- En todo el proceso de debe asegurar, desde la especificidad del trabajo social, el absoluto respeto por los DERECHOS del niño, niña o adolescente evitando la revictimización con exposiciones o interrogatorios innecesarios
- Orientar al adulto responsable a fin de que pueda hacer uso de sus propios recursos para enfrentar la situación (asesorarlo en la búsqueda de empleos o en capacitación de oficios, etc.)
- Hacer un seguimiento social, para conocer cuál fue la respuesta de la justicia, si se cumplen la medida cautelar, cómo continua el tratamiento psicológico, etc.; con el fin de conocer y asegurarse de que el niño, niña o adolescente víctima y su familia se han reestablecido del problema.
- Búsqueda de reinserción de la víctima al entorno familiar, escolar escuela, zonal, etc. a fin de unificar acciones en beneficio de la víctima.
Con lo expuesto anteriormente, podemos afirmar que el TRABAJO SOCIAL ocupa un importante rol, desde su especificidad, en la intervención de los casos de VIOLENCIA SEXUAL INFANTIL, ya que por su formación puede utilizar estrategias teórico metodológicas que le permiten arribar a un diagnóstico y pronóstico específico para cada caso. Como así también de realizar un acompañamiento en las diferentes gestiones a fin de lograr medidas de protección integral de niñ@s y adolescentes víctimas.