sábado, 5 de julio de 2014

Como perro al sol... LIBERTAD


LIBERTAD

Hay ocasiones en las que creemos  que nuestra pareja es para toda la vida, así nos lo han hecho creer, no nos educan para una separación o un divorcio, los cuentos de hadas, príncipes, princesas, magos, etc. No existen, son solo eso cuentos, no entiendo porque se empeñan en que uno crea que cuando seamos grandes llegara un príncipe o una princesa a nuestras vidas, y bueno así fue mi caso más bien mi fracaso, todo el mundo me advertía, no te enamores de un perdedor, hay eso es una canción, pero fue real.

Una tarde llego a mi vida, creí q era la persona ideal, no era un galán, pero era una persona agradable, buen amante, buen novio y al parecer una buena pareja, todo marchaba bien, la casa, los sueños de los muebles, las salidas, las fiestas familiares, etc.

No entiendo en que momento cambio, todo cambio, 360 grados, la complicidad se perdió, los sueños mutuos se fueron,  cambio de ritmo de vida, escasees monetaria, falta de sexo no sé qué paso, pero éramos dos extraños, una cama, una casa,  una mesa, un sofá, pero dos sueños que no iban en la misma dirección, dos vidas que navegaban en diferentes botes, miradas que ya no se reflejaban en cada uno de nuestros ojos, poca conversación, y mucha discusión.

Cada vez nos alejábamos más, ya no éramos novios, éramos solo amigos o menos que eso y cuando se quería arreglar algo solo eran insultos y agresiones, resulto ser muy hábil, compramos la casa, casa que gracias a mi dinero se completó su crédito, después me solicito dejar de trabajar, y yo le hice caso, mis tarjetas de crédito a topo, mis ahorros personales se terminaron, y fue cuando su agresividad o control se hizo presente latente, trato de alejarme de mi familia, amigos, y cada que se podía recordaba que era su casa sus reglas, el colmo es cuando creen que no hay más lugares donde uno puede correr, dos veces me corrió de su casa, claro era su crédito el tonto fui yo quien pega la diferencia sin ninguna garantía, y por más que le decía es casa de los dos, su respuesta era, es mía está a mi nombre mis reglas te chingas, y uno soporta y soporta y soporta, cuanto más, cuanto nos dura LA PENDEJEZ.

Nos convertimos en psiquiatras y no lo curamos, nos anulan nos culpan si algo sale mal, a veces hasta te contagias de su enfermedad, (la mediocridad), esos celos que no son solo más que productos de sus conductas porque como son infieles creen que uno es igual, hasta que les encuentras las pruebas de su traición y es cuando hay q decir se a cabo.

La última vez que estuve a  su lado, fue una noche de abril, regresando de buscar trabajo, el esculcando mis cosas, y claro discusión segura, y lo inevitable saco su gran casa y sus reglas por delante y claro, me corrió.

Escena: Los muebles en la calle, su risa a todo flote, su sarcasmo y su machismo, y su letanía o creencia que sin él, sin su casa, sin su poco dinero, uno no es nada.

A veces uno se vuelve cobarde, vivimos con el agua al cuello, presas de un amor tirano, aguantando caprichos, un precio caro, creemos que el cielo se cierra para nosotros, hasta que sucede lo inevitable, el día, es el día, la noche es la noche y tú como perro al sol, libre, sin prisas, sin insultos, feliz así como perro al sol. Claro ahí empieza otra aventura pero ya sin cadenas…